viernes, 25 de octubre de 2013

Editorial: Elecciones 2013. Un escenario complejo


Las elecciones son una parte importante de la vida democrática, pero no el fin del mundo. Para los convencidos del cambio, el 28 de octubre se seguirá trabajando como todos los días, dándole camino a los sueños que a veces no entran dentro de una urna, sino que requieren de un espacio y un tiempo mucho más vivificante y comprometido. 

Desde el año 2012 la provincia ha vivido procesos de cambio social que ya dejan una marca.  Las movilizaciones en contra de la megaminería a cielo abierto fueron el principio de la debacle institucional de un gobierno que no pudo encauzar la provincia en un proyecto democrático capaz de contribuir a las mejoras de la población. En agosto del 2012, durante el acampe quintelista, la oposición más diversa logró corroer aun más la situación, hecho que no tuvo respuesta inteligente del gobierno. Por causas a veces desconocidas el empuje de la movilización popular fue detenido por una dirigencia que apostó al desgaste institucional y al trabajo de la conformación de alianzas, esperando el escenario electoral de 2013. Juegos inteligentes que le permitieron condensar la bronca popular que se expresó en el voto castigo a los candidatos del gobernador. Con la primavera reciente implosionó uno de los reductos autoritarios y depositarios de la ideología neoliberal más grande como fue la UNLaR. Hecho que sirvió para movilizar a grandes sectores de la sociedad, sobre todo la clase media, en repudio a las perpetuidaes y, tal ves, como un fenómeno de arrastre de aquellas participaciones masivas de 2012 que lograron la anulación del contrato con la empresa Osisko.

En este lapso la gestión de Beder Herrera se hundió más y más en sus prácticas políticas antipopulares, clientelares, corruptas. El funcionamiento de estructuras elementales del estado, como el sistema de salud, comenzaron a colapsar. El congelamiento real del salario (contrapuesto a los aumentos virtuales) fue uno de los elementos más dañinos y perjudiciales para los trabajadores y la economía provincial en su conjunto. Aumentos decretados con soberbia, inconsultos, ignorantes de la dura realidad provincial, no estuvieron ni siquiera a la altura de cubrir el crecimiento inflacionario, provocando una pérdida progresiva del valor del salario. El esquivo constante y necio de demandas lógicas como la sanción de una ley de cooparticipación municipal fueron ahogando la iniciativa de una gestión que perdió todos los días un poco de legitimidad, a pesar de haber conseguido el 67% de los votos hace apenas dos años. También se puede agregar que los poderes Legislativo y Judicial se comportaron como un apéndice connivente de las políticas impulsadas desde la Casa de Gobierno.

Pero La Rioja no es una isla, por más discurso federalista que levanten algunos candidatos. La gestión agraviante del gobierno provincial se dio en un marco de crecimiento histórico de la economía y la industria nacional. En Argentina se abrieron miles de fábricas, se construyeron casi 2000 escuelas, por primera ves en la historia de una nación se juzgó y condenó a los responsables de una dictadura, los indicadores sociales bajaron a niveles históricos, derechos sociales exigidos durante los 90’ se transformaron en leyes y la lista podría continuar por varias páginas. El fracaso de Beder Herrera es una afrenta histórica a los argentinos que habitamos esta provincia por negarnos la mayoría de estos avances en materia de justicia, distribución del ingreso, crecimiento económico y bienestar social. Vueltos kirchneristas por conveniencia, los miembros históricos del PJ riojano no comulgaron jamás con el ideario del proyecto Nacional y Popular.  En sus planes jamás figuró una pizca de intención de poner la sociedad a tono con los procesos ocurridos en el continente latinoamericano.

La gestión bederista concentró el poder político en un grupo de personeros provenientes de los sectores sociales más rancios y alejados del sentir popular. Provocó daños irreparables como el desalojo de la Escuela Normal para luego convertirla en un shoping. Puso en juego la soberanía al tratar de entregar los recursos naturales a precio vil. Terminó de sepultar bajo los escombros las leyes de promoción industrial poniendo en jaque el trabajo de miles de obreros. Creó un modelo de desarrollo político empresarial SAPEM que utiliza al estado como garante del capital privado para que solo se enriquezcan un puñado de amigos. Y ningunió todo tipo de iniciativa tendiente al desarrollo de la participación popular en la toma de decisiones.  Casi la receta perfecta para provocar el estallido social que puede sobrevenir en poco tiempo de no hacer cambios sustanciales.

Así en muy resumidas cuentas se llega a las elecciones. Con una ley electoral que permite la creación irresponsable de partidos políticos sin programas ni ideología, con el único fin de ser un mecanismo de acumulación de votos hacia el poder bajo la implementación de prebendas y políticas clientelares a mansalva. Con una sociedad resentida por años de problemáticas sin solución, aparateadas en forma grosera.

Es en este marco que fue posible la articulación de diversos sectores de la oposición bajo una bandera a veces difusa centrada principalmente en posiciones antibederistas y anti-K, poniendo énfasis en un discurso detractor de la ignominiosa corrupción y proponiendo la solución a los problemas sociales rescatando elementos de los sectores políticos más reaccionarios de la política provincial. Medidas que apuntan a la implementación de políticas de corte liberal, pero contando con mucho apoyo de una sociedad cansada de vivir mal. Pudo también capitalizar efectivamente a sectores del ambientalismo nacidos como expresiones de lucha social-ambiental que dieron el paso a la vida partidaria. Pero notamos con mucha preocupación el acercamiento de algunos de estos sectores a representantes de la derecha pro-yanqui, como fueron las reuniones de Bordagaray, y ahora Quintela con el intendente de Tigre, Sergio Massa. Una conformación que hace acordar a la Alianza UCR-FREPASO quienes con un discurso anticorrupción pudieron ganarse la simpatía de un país harto, pero que tomaron las medidas antipopulares que terminaron con el Estado de Sitio y casi 40 muertos en diciembre de 2001. Sectores hoy ensoberbecidos y convencidos de un apoyo popular incuestionable que usan para fomentar el discurso de fin de ciclo, que pretende hacer retroceder el país a los 90’.

Todas fuerzas políticas, tanto las radicales como las peronistas antibederistas, que jamás se han caracterizado por la claridad a la hora de proponer un proyecto de provincia sustancialmente diferente al ejecutado por el PJ desde 1983. Con dirigentes envueltos en hechos de corrupción, algunos emparentados antes con el gobernador, y otros lamentables como la inspección a la finca del diputado Martínez en el año 2011 hecha por la AFIP y el Ministerio de Trabajo donde se comprobó la presencia de menores de edad trabajando. El diputado radical nunca brindó explicaciones concretas sobre el hecho y en estos momentos pareciera que nadie quiere acordarse del hecho.

En la línea de largada de las Elecciones Legislativas 2013, acá en La Costa,  están el Frente Amplio de Renovación Popular Integrado por el radiofónico Sergio Alanís, que otrora fuera integrante del equipo político comunicacional de Del Moral, acompañado del prolijo profesor de E. Física, Mario Mercado, que también fue funcionario del actual intendente y contendor; Fuerza cívica Riojana, integrada por el Radical Diego Castro acompañado de la novel Judith Nieto, nutridos por  vertientes del intendente antiminero de Famatina Bordogaray y del versátil Díaz Brizuela (Quintelista). El todopoderoso Beder, puso dos Marcelos como candidatos-colectores en esta costeña contienda: Marcelo Menem, de perfil populista-liberal-debutante acompañado de José Reynoso, docente con ambiciones de algo mas y la otra lista cerrojo, compuesta del adalid del Moral escoltado del debutante Fernando Delgado.

La lista-cerrojo Del Moral&Delgado, “pichicateada” por el poder instalado y sus beneficios adicionales más votos cautivos y votos importados, largará desde una posición ventajera; los otros candidatos, cuentan con el descontento popular y la reacción de los indiferentes e indecisos mas el desgaste procedente de la impunidad y el abuso de poder.

Podemos y debemos preguntarnos cuál es la salida ante este panorama. Sin duda el trabajo coherente y responsable de todas las fuerzas llamadas del campo popular, que cada vez parecieran atomizarse y desparramarse en pequeños sectores, algunos lamentablemente tragados por los grandes partidos tradicionales tanto de uno como de otro bando. La construcción de una alternativa política que pueda representar algo superador de la política actual parece haber sido abandonada por oportunismos de todo tipo. Creemos que  desde los grandes partidos tradicionales no despuntará nunca el germen de una sociedad justa y democrática. Mucho menos si los partidos y agrupaciones depositarios de cierta coherencia histórica y trabajo militante terminan atrapados en las redes de poder de las viejas estructuras.

Por estas razones desde el medio incitamos a someter a juicio crítico todas las propuestas electorales. Elegir alternativas. Y si no existen todavía, trabajar para crearlas. Desconfiaremos como ciudadanos y como medio de comunicación mientras circulen rumores de la existencia de acuerdos electorales entre las redes de poder. Acuerdos oficialismo-oposición que de confirmarse dejarían a los dos bandos en una situación compartida de desprecio por la participación popular, por el trabajo de las bases militantes de sus propios partidos, por la democracia como sistema de gobierno.  

Las elecciones son una parte importante de la vida democrática, pero no el fin del mundo. Para los convencidos del cambio, el 28 de octubre se seguirá trabajando como todos los días, dándole camino a los sueños que a veces no entran dentro de una urna, sino que requieren de un espacio y un tiempo mucho más vivificante y comprometido.  

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